“La nueva madre profesional no ve la maternidad como un obstáculo para su carrera, sino como una fuente adicional de competencias. Somos multitarea por naturaleza, tenemos visión de largo plazo…”

 

El pasado Día de la Madre me llevó a reflexionar sobre mi propia experiencia como administradora, docente universitaria y madre de tres hijos. Durante estos años he vivido en primera persona los desafíos que enfrentamos las mujeres que hemos decidido desarrollarnos profesionalmente sin renunciar a la maternidad. No es un camino fácil, pero tampoco es imposible. Cuando comencé mi carrera profesional, el panorama era diferente. Las estructuras organizacionales estaban diseñadas pensando en el modelo tradicional: el hombre como proveedor principal y la mujer como cuidadora del hogar. Hoy, afortunadamente, este paradigma está cambiando, aunque aún enfrentamos resistencias y desafíos importantes.

Como Licenciada en Administración, he aprendido que gestionar una familia y una carrera profesional que requiere las mismas competencias que dirigir una empresa: planificación estratégica, gestión de recursos, liderazgo de equipos y toma de decisiones bajo presión. La diferencia es, que en casa no hay horarios de oficina, los “colaboradores” son tus hijos y las crisis no esperan el lunes por la mañana.

Redefiniendo la Maternidad

La maternidad de hoy no se parece en nada a la de nuestras madres o abuelas. Ya no somos solo cuidadoras, somos CEO de nuestros hogares, estrategas de la educación de nuestros hijos, negociadoras expertas y líderes de proyectos múltiples. Esta evolución ha sido gradual pero profunda, se manejan mejor los tiempos, contamos con más información para tomar decisiones más eficientes y desarrollamos una capacidad natural para priorizar. La maternidad nos enseña a administrar recursos escasos, que es la esencia misma de la administración.

La nueva madre profesional no ve la maternidad como un obstáculo para su carrera, sino como una fuente adicional de competencias. Somos multitarea por naturaleza, tenemos visión de largo plazo porque planificamos la vida de nuestros hijos por décadas, y desarrollamos una inteligencia emocional superior porque navegamos constantemente entre diferentes necesidades y personalidades.

Esta redefinición también implica abandonar el mito de la madre perfecta. No podemos ser perfectas en todo y no debemos intentarlo. La perfección es enemiga de la eficiencia, y como administradoras sabemos que la eficiencia es clave para el éxito organizacional.

La doble jornada y sus retos

La famosa “doble jornada” es una realidad que todas las madres profesionales conocemos bien. Sin embargo, prefiero hablar de “múltiples jornadas” porque la realidad es más compleja. Tenemos la jornada profesional, la jornada maternal, la jornada de gestión del hogar, la jornada de pareja y, si tenemos suerte, una pequeña jornada personal.

Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que no podemos hacer todo nosotras mismas. La delegación es fundamental tanto en la empresa como en el hogar. Enseñar a los hijos a ser independientes no solo es bueno para su desarrollo, sino que es una estrategia de administración familiar inteligente.

El tema de la culpa es inevitable cuando hablamos de la doble jornada. Todas hemos sentido esa punzada cuando tenemos que elegir entre una reunión importante y un evento del colegio de nuestros hijos. He aprendido que la culpa es normal, pero no puede paralizar nuestras decisiones. Como en cualquier proceso administrativo, debemos evaluar costos y beneficios, tomar la mejor decisión posible con la información disponible y seguir adelante.

La tecnología se ha convertido en nuestra gran aliada. Uso de aplicaciones para gestionar las actividades familiares, calendarios compartidos con mi pareja, y sistemas de recordatorios para las múltiples tareas que involucra dirigir una familia. La automatización de procesos, un principio básico de la administración moderna, también se aplica en casa: desde compras online automáticas hasta sistemas de pagos programados.

Otro aspecto crucial es la comunicación familiar. Aplico los mismos principios de comunicación organizacional en casa: reuniones familiares semanales donde planificamos actividades, evaluamos el cumplimiento de responsabilidades y ajustamos estrategias. Mis hijos han aprendido a entender mi trabajo y yo he aprendido a involucrarlos en la planificación familiar de manera que se sientan parte del equipo.

Los principales retos

El primer gran reto es el manejo de las expectativas, tanto propias como ajenas. La sociedad aún espera que las madres seamos las principales responsables del cuidado de los hijos, independientemente de nuestros compromisos profesionales. Este sesgo genera presión adicional y puede afectar nuestro desempeño en ambos roles.

El equilibrio entre exigencia y flexibilidad es un arte que todas debemos dominar. Ser exigentes con nosotras mismas para mantener estándares profesionales altos, pero flexibles para adaptarnos a las realidades de la vida familiar. Esto requiere una mentalidad de mejora continua, otro principio fundamental de la administración moderna.

La construcción de redes de apoyo es crucial. No se trata solo de tener quien cuide a los niños, sino de crear un ecosistema que incluya a otros padres de familia, colegas comprensivos, servicios de apoyo doméstico y, muy importante, mentores que hayan navegado exitosamente este camino.

Consejos para madres primerizas profesionales

Si hay algo que me hubiera gustado saber cuándo fui madre por primera vez es que no existe la fórmula perfecta. Cada familia es diferente y lo que funciona para una puede no funcionar para otra. Sin embargo, hay principios administrativos universales que pueden aplicarse con éxito.

Lo primero es definir claramente tus prioridades. Como en cualquier plan estratégico, necesitas establecer objetivos claros tanto para tu vida profesional como familiar. Esto te ayudará a tomar decisiones más acertadas cuando surjan conflictos entre ambos roles.

Aprende a negociar tanto en casa como en el trabajo. La negociación es una competencia administrativa fundamental. Negocia horarios flexibles, trabajo remoto cuando sea posible, redistribución de tareas domésticas con tu pareja, y responsabilidades apropiadas para la edad de tus hijos.

Construye tu marca personal integrando ambos roles. No escondas tu maternidad en el trabajo ni tu profesionalismo en casa. Ambos aspectos te enriquecen y pueden ser fuentes de fortaleza mutua.

Finalmente, recuerda que ser madre profesional no es solo un desafío personal, es una contribución social importante. Estamos transmitiendo a nuestros hijos que las mujeres pueden ser exitosas en múltiples roles, estamos transformando culturas organizacionales y estamos creando un futuro más equitativo.

El futuro pertenece a las organizaciones que entiendan y aprovechen el talento integral de las madres profesionales. Mientras tanto, nosotras seguimos construyendo ese futuro, una decisión estratégica a la vez.

 

 

 

Mirtha Zulema Armas Chang

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