“La digitalización de los pagos no es solo innovación financiera: en contextos de estabilidad es una oportunidad de inclusión, y en contextos de crisis, una herramienta de supervivencia.”
Si hoy salieras a la calle y te dieras cuenta de que olvidaste tu billetera, probablemente te sentirías molesto, pero sobrevivirías el día gracias a Yape o Plin. Sin embargo, en otros rincones de nuestra región, olvidar el celular no es una molestia; es una emergencia económica.
Hace unos días, Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), declaró sobre la adopción digital en la región y quienes la lideraban. Paradójicamente, indicó que Argentina y Venezuela son quienes la lideran en la región, explicando que, en esas, la digitalización de los pagos no avanza por moda o comodidad, sino porque la alternativa es caminar con volúmenes absurdos de papel moneda que no valen casi nada.
Velarde es contundente en su análisis: es la necesidad que coloca a estos países en el top del ranking. En escenarios de hiperinflación o alta inestabilidad monetaria, el dinero físico pierde su funcionalidad básica. Aquí, la billetera digital no es un lujo, es el único refugio que permite que el intercambio comercial -la base de cualquier economía- siga fluyendo.
La digitalización es inevitable, pero su “sabor” cambia según la salud de la economía y necesidad del mercado. Esta realidad, nos deja 2 reflexiones:
- En economías estables (como se busca mantener en Perú), las billeteras digitales deben promoverse como herramientas de formalización e inclusión financiera y por ende, efectiva solución a la reducción de brechas sociales. Si hace cinco años le hubiéramos dicho al bodeguero de nuestro barrio o a un taxista que su historial crediticio dependería de las operaciones mediante su número de celular y no de una evaluación bancaria tradicional, probablemente se hubieran reído. Hoy, esa es la realidad de millones. En segundos y sin requisitos, líneas de crédito aprobadas y disponibles digitalmente. El dato más revelador del 2024 no es el crecimiento del PBI, sino una cifra más humana: 670,000 peruanos accedieron a su primer crédito formal a través de Yape en el último año. El aplicativo vio lo que el analista de crédito tradicional no podía ver: que esa persona tiene flujo de caja, que paga a tiempo y que mueve dinero real.
- Cuando el mercado lo requiere, la sociedad adopta la tecnología a velocidades vertiginosas. La lección que nos dejan Argentina y Venezuela es que el ser humano es increíblemente resiliente: si le quitas el efectivo, inventará el dinero móvil; si le devalúas la moneda, inventará su propio banco cripto. En el caso de nuestro país, esta adopción no demuestra que la informalidad no es una preferencia cultural, sino una consecuencia de la exclusión tecnológica.
Un paso recomendado es mirar a Brasil, el verdadero “monstruo” de la región, con su experiencia de PIX, un sistema creado por su propio Banco Central que permite transferencias gratuitas e instantáneas las 24 horas del día. A diferencia de Yape o Plin, que nacieron de bancos privados, el PIX es una política de Estado.
¿El resultado? En meses lograron bancarizar a más de 70 millones de personas que antes eran invisibles para el sistema. Brasil nos enseña que cuando la innovación se planifica, se convierte en una autopista para el desarrollo.
En nuestro país, debemos aprovechar nuestra estabilidad para construir rieles digitales, redefiniendo a la tecnología como propia del sector industrial para convertirse en una infraestructura social básica. El reto ahora no es que la gente descargue una aplicación financiera, sino enseñarles a usar esa nueva “reputación digital” para acceder a créditos baratos, seguros y lejos de los prestamistas informales. No es huir de la moneda, sino huir del anonimato para poder enrumbarnos hacia un futuro más articulado y próspero.

MBA. Lic. Víctor Hugo Florián Paredes
CEO MiMercado.Delivery. vhfamauta@hotmail.com
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