“Cuando dejamos de ver carencias y empezamos a conectar soluciones, la abundancia deja de ser teoría y se convierte en impacto real.”
París, mediados del siglo XIX: solo los invitados más ilustres a un exclusivo banquete ofrecido por el emperador Napoleón III cenan con cubiertos de un metal extraño y ligero, increíblemente raro para la época, llamado aluminio. Mientras tanto, los invitados de “segunda categoría” deben conformarse con utilizar vajilla de oro. En aquel entonces, extraer el aluminio era tan complejo que su valor superaba al del metal dorado; sin embargo, hoy utilizamos ese mismo material para envolver las sobras del almuerzo y lo desechamos sin pensarlo dos veces.
Esta curiosa estampa histórica no es solo una anécdota, sino la prueba viviente de la tesis que Peter Diamandis y Steven Kotler defienden en su obra “Abundancia”: la escasez no es una condición absoluta ni permanente de la naturaleza, sino un problema temporal de contexto tecnológico. No fue que el planeta generara mágicamente más aluminio de la noche a la mañana; lo que cambió fue que inventamos la electrólisis.
La tecnología actúa como un mecanismo liberador de recursos, una llave maestra capaz de transformar lo escaso y costoso en abundante y accesible. Un ejemplo contundente es la energía: en tan solo 90 minutos, la luz solar que baña la superficie de la Tierra contiene más energía de la que consume toda la humanidad en un año entero. No tenemos un problema de escasez de energía, sino de captura; y gracias a la innovación, estamos en camino de volverla omnipresente, tal como ocurrió con el aluminio.
Hoy, este ritmo de cambio y crecimiento acelerado está “desmonetizando” el mundo: servicios que antes eran lujos físicos se han desmaterializado en aplicaciones digitales gratuitas. Sin embargo, pese a que los datos confirman que vivimos en el momento de mayor prosperidad de la historia, nuestra biología nos juega una mala pasada. Nuestro cerebro, cableado para detectar amenazas, nos crea una ilusión de deterioro global que muchas veces nos ciega ante las oportunidades.
Ante este panorama, el verdadero desafío es aplicar una visión transformadora y humana. Es aquí donde surge la innovación social para resolver problemas del entorno inmediato. No hace falta esperar a la próxima gran disrupción cuántica para generar abundancia; basta con tener la visión para conectar los puntos disponibles.
Un ejemplo tangible de esta mentalidad es el modelo que desplegamos en MiMercado.Delivery. Al observar la fricción logística que separaba al mercado tradicional de las nuevas necesidades del consumidor, propusimos una solución que utiliza la tecnología existente para cerrar esa brecha. Trabajamos para lograr exactamente lo que la electrólisis hizo por el aluminio: democratizar el acceso y reconfigurar la realidad para mejorar la calidad de vida de la comunidad dinamizando las economías de comercios que, hasta hoy, enfrenta grandes brechas de digitalización.
El mensaje es claro: “la abundancia está a nuestro alcance si utilizamos el ingenio para construir puentes tecnológicos donde antes solo veíamos escasez”

MBA. Lic. Víctor Hugo Florián Paredes
CEO MiMercado.Delivery. vhfamauta@hotmail.com
LinkedIn: Víctor Hugo Florián | LinkedIn
